Una dieta espiritualCuando nos hablan de la palabra dieta, la relacionamos inmediatamente con sacrificio, abstinencia, ayuno, etc. a otros esta palabra les causa pavor y temor de solo pensar que deben privarse de cosas que le agradan; pero de lo quiero hablar no tiene que ver con privarnos de cosas que nos gustan. La palabra dieta está más relacionada con la ingestión de muchos nutrientes que con la abstención de ellos. La dieta no es más que la correcta ingestión de los alimentos necesarios para el normal desarrollo del ser humano. El organismo necesita muchos nutrientes para mantener un buen estado de salud, y esto se obtiene a través de una dieta. Una dieta equilibrada y saludable que debe reunir ciertas condiciones. Debe satisfacer las necesidades mínimas en nutrientes y energía a fin de evitar las deficiencias nutricionales, debilidades físicas y enfermedades. De la misma manera que debemos cuidar nuestra salud física, debemos hacerlo con nuestra salud espiritual. Debemos mantenernos sanos espiritualmente hablando. Una buena dieta espiritual debe estar balanceada entre mucha oración, ayuno, lectura de las Escrituras diariamente y la búsqueda constante de la presencia de Jesús; además, esta dieta debe estar complementada con el buen ejercicio de la fe, pues este nos va a ayudar a crecer y fortalecernos día a día en el Señor (Jn. 6:35; Mt. 4:4). Hermanos, nuestra salud espiritual dependerá enteramente de cuánto busquemos al Señor, si nuestra búsqueda es ligera sentirás debilidad ante las situaciones difíciles que se presentan a diario, pero si te fortaleces en el Señor, tendrás la victoria asegurada ante todas las situaciones de la vida (Ef. 6:10) Jenni Argoti
La meditaciónLa meditación es un ingrediente vital en la oración, pero muy a menudo se descuida. Algunos se presentan delante de Dios en oración, formulan su petición e inmediatamente dicen “amén” y se olvidan. La siguiente ocasión hacen lo mismo y así siempre. ¿No tienen nada mejor que dar? David hizo la experiencia de la meditación cuando huía de Saúl en el desierto de Judá. Su alma deseaba la presencia de Dios, un conocimiento más profundo de Él. David tenía necesidad de Dios, su alma tenía sed del Dios vivo, por eso escribió: «Y con labios de júbilo te alabará mi boca, cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré» (Sal. 63:5-7). La meditación es un arte y pocos cristianos la practican. Están demasiado ocupados. Su trabajo les llama. Ellos corren para hacer una cosa u otra, y no tienen el tiempo de sentarse a los pies del Maestro. No debemos aproximarnos a Dios con prisas y después partir “corriendo” y esperar recibir su contestación. «Temblad y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad» (Sal. 4:4). Estamos demasiado agitados. Tenemos necesitad de aprender a estar tranquilos con Dios. «Alma mía, reposa solamente en Dios, porque de él procede mi esperanza» (Sal. 62:5). Estas palabras son dirigidas a todos los cristianos; debemos esperar en Dios en silencio. Aquel que espera en Dios en silencio no será decepcionado. Habéis orado, habéis abierto vuestro corazón a Dios, el único que puede comprenderos. No digáis más “amén” para olvidaros después de Dios. Dad la ocasión, esperad, esperad en silencio. Y en el silencio de vuestra alma Dios os hablará. Él os invita a esperar, no os dejará esperar en vano. ¿Habéis experimentado la presencia de Dios en el silencio del santuario? Busquemos a Dios en el silencio, pues Él está allí presente. «Los servicios religiosos, las oraciones, la alabanza, la confesión penitente del pecado ascienden desde los verdaderos creyentes como incienso al santuario celestial; pero al pasar a través de los corruptos canales de la humanidad, se contaminan de tal modo que a menos que sean purificados por sangre, jamás podrán ser de valor para Dios... Todo el incienso de los tabernáculos terrenales debe ser humedecido con las gotas purificadoras de la sangre de Cristo. Sostiene ante el Padre el incensario de sus propios méritos en el cual no hay la menor traza de corrupción terrena. Reúne en este incensario las oraciones, la alabanza y las confesiones de su pueblo, y une a ellos su propia justicia inmaculada. Entonces, con el perfume de los méritos de la propiciación de Cristo, el incienso asciende a Dios plenamente aceptable» (SDABC6, 1077-1078). ¡Amén... y un momento de silencio! Claire Alagy
No es una fábula es una realidad «La gran controversia está llegando a su final. Cada informe de calamidad que ocurre en el mar o en la tierra es un testimonio del hecho de que el fin de todas las cosas está por sobrevenir. Las guerras y los rumores de guerras así lo declaran. El Señor viene. Oímos los paso de un Dios que se acerca... «El hecho de que disminuye rápidamente el tiempo que media entre nosotros y la eternidad debería impresionarnos profundamente. Cada día que pasa es uno menos que nos queda para completar nuestra obra de perfeccionar el carácter» (Mat. NEV, 348). Las palabras del apóstol Pablo son muy oportunas para el tiempo actual: «Y haced esto conociendo el tiempo, que ya es hora de levantarnos del sueño; pues ahora nuestra salvación está más cerca que cuando creímos. La noche está muy avanzada. El día casi ha llegado. Desechemos las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz » (Ro. 13:11-12). Sin duda alguna creo que Cristo va venir pronto. Esto no es una fábula para nosotros, es una realidad. Pero surge la pregunta: ¿Estamos preparados para el encuentro con Jesús? ¿Será que alguna cosa me falta? ¿Será por esta causa que Dios está dilatando tanto el tiempo de la segunda venida de su Hijo? ¿Entonces qué significa esta espera? Dios tiene una respuesta: «Porque dice: “En tiempo favorable te he escuchado, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo favorable; he aquí ahora el día de salvación”» (2 Cor. 6:2). «Nos encontramos en un tiempo decisivo en medio de un mundo lleno de aflicción y confusión. Nos hayamos aquí para ser examinados y probados así como fueron Adán y Eva a fin de desarrollar un carácter noble y extraer armonía de la discordia y la confusión» (T5, 311). «Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que, podemos llevar de este mundo al venidero» (PVGM, 303). «Adán y Eva fueron colocados en el Edén en circunstancias extremadamente favorables... Estaban sin la condenación del pecado. La luz de Dios y de los ángeles estaba con ellos y los rodeaba. El Autor de su existencia era su maestro. Pero cayeron bajo el poder y las tentaciones del artero enemigo» (MS1, 328). «Los hombres caídos no tenían las ventajas de Adán en el Edén. Habían estado separados de Dios durante cuatro mil años. La sabiduría para comprender y el poder para resistir las tentaciones de Satanás habían disminuido más y más, al punto que éste parecía reinar triunfante sobre la tierra. El apetito y la pasión, el amor del mundo y pecados temerarios eran las grandes ramas del mal, de las cuales crecían toda suerte de crímenes, violencias y corrupción» (MS1, 328-329). En esta condición el hombre no busca a Dios y por sí mismo no puede soltarse de las feroces garras del archiengañador. Cualquier esfuerzo que el hombre haga, sin la ayuda de Dios, para guardar la ley, está condenado al fracaso absoluto, es imposible.
Nuestro poderoso Auxiliador y Redentor «A fin de proporcionar esperanza al hombre y salvarlo de la completa ruina, Cristo se humillo así mismo al tomar la naturaleza del hombre, para que con su poder divino combinado con el humano, pudiese alcanzar el hombre allí donde estaba» (T, 108-109). «Ahora nuestra vida puede ser enredada, pero al confiarnos a Cristo, él desentrañará el modelo de vida y carácter que sea para su propia gloria. Y este carácter que expresa la gloria de Dios o carácter de Cristo, será recibido en el Paraíso de Dios» (DTG, 298-299). «Como hombre Cristo obtuvo para los caídos hijos e hijas de Adán aquella fortaleza que es imposible que logren por si mismos, para que en el nombre de Cristo puedan vencer las tentaciones de Satanás» (MS1, 327). «La tentación más poderosa no puede excusar el pecado. Por intensa que sea la presión ejercida sobre el alma, la transgresión es un acto nuestro. Ni la tierra ni el infierno tienen poder para obligar a nadie a pecar» (Dios nos Cuida, 361). Está escrito: “quien nos separará del amor de Cristo? Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre o desnudez, o peligro o espada?... Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por que estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida ni Ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús nuestro Señor» (Ro. 8:35-39). Sabemos que es el pecando que nos separamos de Dios. Pero, para pecar «debe haber consentimiento de la voluntad, sometimiento del corazón, pues de otro modo la pasión no puede vencer la razón, ni la iniquidad triunfar sobre la Justicia» (ST, 15-4-1913). La pluma inspirada dice: «Si permanecéis bajo el estandarte ensangrentado del príncipe Emmanuel, haciendo fielmente su servicio, nunca tendréis que ceder a la tentación, pues estará a vuestro lado Aquel que es poderoso para guardaros sin caída» (M8, 1899). Cristo vivió en perfecta obediencia en este mundo, llevando una naturaleza divino humana. También a nosotros se nos hacen preciosísimas promesas. «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina , habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo causa de la concupiscencia» (2 P. 1:3-4). «No tenemos motivos para conservar nuestras tendencias pecaminosas... A medida que nos hagamos participes de la naturaleza divina, se irán eliminando del carácter las tendencias al mal hereditarias y cultivadas, y nos iremos transformando en un poder viviente para el bien. Al aprender constantemente del Maestro divino, al participar diariamente de su naturaleza, cooperaremos con Dios en vencer las tentaciones de Satanás. Dios y el hombre obran de común acuerdo a fin de este pueda ser uno con Cristo así como Cristo es uno con Dios» (BC7, 943). Es de esta forma que se cumplirá la palabra de Dios según el apóstol Juan: «Todo aquel que permanece en él , no continúa pecando; todo aquel que continúa pecando, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto se manifestó el hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, por que es nacido de Dios» (1 Jn. 3:6-9). Dios nunca nos pide algo imposible, cuando Él pide para que hagamos algo es por que Él ya lo hizo. «Si hacemos de Dios nuestra fortaleza podemos alcanzar, aún bajo la condiciones más desalentadoras, una altura y una amplitud en la perfección cristiana que ahora os parece imposible de lograr... «Pero, si deseamos alcanzar la perfección del carácter debemos poner en juego el pensamiento y la acción. Debemos ser activos y vigilantes y obedecer gozosa e incondicionalmente las demandas del maestro» (T4, 567-568). Muchos se chasquearán esperando contemplar un cambio mágico en su carácter sin que haya un esfuerzo decidido de su parte para vencer el pecado, y cumplir fielmente su deber. «Los que experimentan la santificación que habla la Biblia vivirán las mismas experiencias de, Elías, Moisés, José, Daniel y otros mas que ya fueron ejemplo de verdadera santificación» (CS, 524). Estos hombres no estuvieron fuera del alcance de la tentación, todos ellos fueron probados duramente, y algunos de ellos hasta cometieron errores, pero se arrepintieron y hicieron de Dios su fortaleza. Fueron hombres de mucha oración, no ahorraron esfuerzos para conocer y obedecer a Dios y por eso pueden ser contados entre los redimidos. Dios no ha cambiado y podemos estar seguros que menos no se pide de nosotros, y es por eso que unos pocos, poquísimos, del inmenso número que puebla la tierra, será salvo para vida eterna, por que no perfeccionaron sus almas en la obediencia a la verdad, no hicieron de Dios su fortaleza. Porque mediante el plan de redención, Dios a provisto medios para vencer todo rasgo pecaminoso y resistir cada tentación, no importa cuan poderosa sea. « Y a aquel que es poderoso para guardar sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. Al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, dominio y autoridad, ahora y por todos los siglos. Amen» (Jud. 24-25). Daniel Gustavo García López
El estudio del santuario es un tema muy amplio. Dios quería vivir con su pueblo por eso dijo a Moisés : “Y harán un santuario para Mi, y habitaré en medio de ellos” (Éx. 25:8). Hoy en día, nuestro Señor sigue queriendo comunicarse con nosotros desde el santuario celestial. Cuando estudiamos los detalles de los objetos y del mobiliario del santuario en el desierto podemos aprender mucho sobre el plan de Dios para nosotros a nivel individual y a nivel de iglesia. Estudiemos las basas del santuario. «Las basas de las columnas eran de bronce; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; asimismo las cubiertas de las cabezas de ellas, de plata; y todas las columnas del atrio tenían molduras de plata» (Éx. 38:17). «En total se usaron 60 columnas para sostener las “cortinas” que encerraban al atrio, o sea que había una columna cada 2, 25 m (7,4 pies) aproximadamente. Es probable que las “columnas” fueran de madera de acacia, revestidas de bronce. Estaban asentadas sobre “basas” de bronce. No se da el peso exacto de estas “basas”, pero cada una debe de haber pesado algo menos que un talento» (CBA1, 656). No es una coincidencia de que cada columna tenía una base de bronce y un capitel de plata y que eran conectados entre ellas con molduras de plata. El bronce es un metal duro que puede resistir al tiempo y al uso. Podríamos ser como las columnas de bronce teniendo bases firmes, lo que significa tener una fe inamovible en Dios y un conocimiento completo de la verdad, así nada o nadie podría hacernos caer. «La fe en Cristo como Salvador personal dará fuerza y solidez al carácter» (Mat. AFC, 235). «En el futuro surgirán engaños de toda clase, y necesitaremos tierra firme para nuestros pies. Necesitamos sólidas columnas para el edificio. Ni un alfiler ha de quitarse de lo que el Señor ha establecido. El enemigo introducirá falsas teorías, como la doctrina de que no existe santuario. Este es uno de los puntos en que algunos se apartarán de la fe» (Mat. Maranatha, 191). «... Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas...» (Gal. 2:9). Hombres que habían sido llamados columnas de la iglesia primitiva. ¿No es maravilloso ser considerado una columna en el cuerpo de Cristo? Las columnas como estructuras independientes eran erectas una al lado de las otras pero eran conectadas con molduras de plata. Las partes superiores eran de plata también. Las molduras que unían las columnas entre ellas nos hace reflexionar sobre las palabras de Ose.11:4 que nos dicen: « Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que quitan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida» . A pesar que nuestro camino es un peregrinaje solitario, no obstante tenemos el amor de Cristo que nos une los unos a los otros con cuerdas de amor eterno. ¡Somos uno con Cristo! Que aliento es de saber que Cristo nos quita el yugo para facilitar nuestro camino y que nos da comida, comida celestial, la Palabra de Dios. Él conoce nuestras necesidades y provee a cada uno de nosotros. « Todas las cortinas del atrio alrededor eran de lino torcido» (Éx. 38:16). Las cortinas de lino blanco simbolizan la perfecta justicia de Jesús que nos envuelve: «No hay sino un Mediador entre Dios y el hombre... Tan sólo Cristo es el camino, la verdad, la vida; y el hombre puede ser justificado sólo mediante la imputación de la justicia de Cristo. El hombre es justificado gratuitamente por la gracia de Dios mediante la fe, y no por las obras, para que nadie se gloríe. La salvación es el don de Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor» (Mat. AFC, 84). «Ahora es el momento de revestirse de la justicia de Cristo, el traje de bodas que os habilitará para entrar en la cena de bodas del Cordero» (Mt. AFC, 352). «Lo que necesitamos es limpiarnos de toda mundanalidad, a fin de perfeccionar nuestro carácter cristiano de tal manera que el manto de la justicia de Cristo sea colocado sobre nosotros...» (Mat. AO, 100). Para pasar al atrio, el tabernáculo tenía una puerta con cuatros columnas que hacían como tres entradas. La cortina estaba hecha de obra de recamador de color azul, púrpura, carmesí y lino torcido. Azul, color del cielo, de donde bajo el Señor Jesús; púrpura, color real del Rey de los reyes; carmesí, color de la sangre vertida por nuestro Salvador; lino blanco, la justicia de Cristo. En Juan 14:6, el mismo Jesús dijo: «Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por medio de Mi». Nadie podía entrar en el atrio sino pasando por debajo de las cortinas blancas. Para llegar hasta la presencia de Dios, en el lugar santísimo, debemos aceptar a Jesús. Él es el único camino. Cuando obtengamos la victoria, dejando todo nuestro ser en las manos de Jesús, seremos columnas en el glorioso santuario celestial envueltos de la justicia pura de nuestro Señor Jesucristo, tal y como nos está prometido en Apocalipsis 3:12. « Al que venza, lo haré columna en el Santuario de mi Dios, y nunca más saldrá fuera. Escribiré sobre él el Nombre de mi Dios- el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo enviada por mi Dios-, y mi nuevo Nombre». Amén. Claire Alagy
¿A quién de nosotros nos gustaría convivir con un acérrimo enemigo bajo el mismo techo? ¿Dormir con él, desayunar, comer y cenar con él; realizar las tareas de la casa con él o relajarse acostado a su lado en la tumbona de la piscina? Creo que a nadie, sería de locos. Sin embargo millones de personas están haciendo esto aunque no se dan cuenta. Tienen a su peor enemigo en la casa, conviviendo con ellas las 24 horas del día, acompañándoles durante toda su vida y creándoles una serie de perjuicios tan dañinos que no se pueden ni imaginar. Veamos quién es este enemigo. Los niños ven la TV un promedio de 25 horas semanales y como son excelentes imitadores, toman como patrones conductuales las actitudes de sus personajes favoritos, que normalmente están plagadas de violencia, orgullo, rencor, venganza, mentira, liviandad, deshonestidad, etc. La agresividad e inmoralidad en TV cada vez es más evidente. Esta genera en los niños conductas agresivas, extendiéndose al tiempo de la adolescencia y explicando así la proliferación de bandas callejeras, cuyos integrantes son cada vez más jóvenes. El Dr. Bandura, afirma que “los modelos de conducta actúan como estímulos que producen conductas similares en el observador” . Es pues, más que importante, que se tenga en cuenta el proceso de aprendizaje de los pequeños, ya que éstos eligen en la TV modelos de los cuales imitan sus comportamientos, sin realizar ningún juicio de valores sobre las conductas que asumen como propias. El niño aprende básicamente por imitación y considerando que los pequeños no son selectivos en los modelos que eligen para emular, deben intervenir los padres de forma activa para encauzar la educación de los hijos y no dejarlos expuestos a la influencia destructora de un aparato que “manejan” desde afuera hombres y mujeres desalmados, sin escrúpulos y que sólo buscan el enriquecimiento personal. Tampoco existe seguridad alguna frente a todos los dibujos animados, ya que éstos, aunque no son reales, y el niño lo sabe, también se toman como patrones de comportamiento, y cuando hablamos de los dibujos animados cargados de violencia el problema se agrava más. Que la TV interviene de forma activa en los hogares donde se tiene en la formación y adquisición de conductas de los niños, es un hecho demostrable. En un prueba que se hizo al respecto se demostró este aser to. Se tomaron dos grupos de niños. Uno de estos grupos vieron películas con gran carga de violencia y el otro grupo pudo ver películas tranquilas, de imágenes agradables. Los resultados fueron claros: Los niños del primer grupo, posteriormente mostraron un comportamiento mucho más agresivo que los del segundo grupo. Las consecuencias que se derivan de una exposición permanente e intensa a imágenes de violencia u otro género de degradación, son: -Habituación a los comportamientos agresivos, volviendo a los niños insensibles, pues parece que les endurece. -Puede disminuir las reacciones emocionales y también el interés por ayudar a otras personas. -Llega a considerar las peleas como un medio normal para solucionar los conflictos. La responsabilidad es, pues, de los padres , quienes tienen el deber de velar por la educación de sus hijos, por su crecimiento físico, moral, intelectual y espiritual. Si nosotros no educamos a nuestros hijos, lo hará la TV, o los amigos de la calle. Es un gran privilegio para los padres, a la par que una gran responsabilidad, formar a los hijos. Como padres cristianos debemos realizar esta tarea con la ayuda de Dios. Tener hijos no es sólo una experiencia biológica, es un camino a recorrer que requiere amor, dedicación, atenciones, cuidados, sacrificio, etc., cuya compensación es ver adultos preparados para beneficiar a la sociedad y para ser un día ciudadanos del cielo. José V. Giner
Los Siete Montes«Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me regocijaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como los de las ciervas, y en mis alturas me hace andar» (Hab. 3:18-19).Hoy subiremos seis montes. En realidad son siete montes pero el último nos espera en el futuro.El primer monte que vamos a subir se encuentra en Génesis 22:2. Se llama Moria . Es un monte no muy alto, tiene aproximadamente 700m de altura donde el rey Salomón edificó el templo de Dios. Nosotros lo llamaremos el monte de la fe porque allí nuestro padre Abraham demostró su fe en Dios, y fue llamado por Él ‘padre de los fieles'. El aceptó hacer todo conforme a la palabra del Señor. La obediencia de Abraham es conocida, anteriormente el dejó su familia y salió para ir a vivir en un lugar desconocido siendo obediente, obediente hasta ofrecer su hijo amado en holocausto.Cuando escuchamos el llamado de Dios en nuestra vida, Él nos llevó de un lugar a otro, nos ha llevado de las tinieblas a su luz admirable, nos pide renunciar a nuestras costumbres pecaminosas para que Él sea el primero y el último en nuestras vidas, no sabemos por dónde nos conduce pero le seguimos por fe como Abraham que contesto a la pregunta de Isaac: « Padre mío, he aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?» . Respondió Abraham: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto» ¿Hemos subido al monte Moria? ¿Conocemos por fe lo que Dios hizo para nosotros cuando ofreció su Hijo como holocausto? Quiera nuestro Padre concedernos la misma fe para subir al monte Moria y entender un poco más acerca del sacrificio de nuestro Señor Jesús.Éxodo 16:1. Ahora vamos a subir al monte Sinaí y este monte lo llamaremos el monte de la obediencia. Es un monte alto y muy áspero, rocoso de difícil acceso. Es aquí donde Moisés conoció a Dios; en principio en una llama de fuego en medio de una zarza. Por favor lee Éxodo 19:3-8.«Todo lo que Jehová ha dicho, haremos...» . Estas fueron las palabras del pueblo, que recién liberado de la esclavitud prometió obediencia a los diez mandamientos. ¿Qué pasó, entonces, cuando salieron truenos, relámpagos y humo de la montaña? Temblaron y se pusieron de lejos (Éx. 20: 19-20. El pecado, siempre el pecado nos separa de Dios. Nosotros también hemos prometido obediencia cuando hicimos el pacto con Dios el día de nuestro bautismo. Nuestro anhelo era y es aún de vivir con Dios y para Él. ¿Qué pasa en nuestras vidas? No tenemos hasta hora dominio sobre el pecado. Queridos hermanos, con nuestro Señor Jesús debemos luchar más contra el pecado que tan fácilmente nos asedia. No hemos resistido, como dice el versículo, hasta derramar sangre, combatiendo contra el pecado para ser perfectamente obedientes a los mandamientos. Deuteronomio 34:1. El siguiente monte donde vamos ahora a subir se llama monte Nebo. El monte Nebo se encuentra hoy en Jordania y de sus alturas se puede ver el valle del Jordán, la ciudad de Jericó; lo llamaremos el monte de la aceptación. Deut. 34:1, 4. La historia de Moisés es un ejemplo para nosotros. Él tuvo fe y obedeció a la voz de Dios y aceptó la sentencia de no entrar en la tierra prometida. El Señor para aliviar su decepción le permitió verla desde el monte Nebo y Moisés vio la gloria de este país tan deseable. Hemos aceptado la promesa de la vida eterna. Hemos aceptado el don de Dios. Hemos aceptado de caminar toda nuestra vida en el desierto de este mundo y si estamos aún aquí es porque debemos aprender a aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas. Por lo tanto si subimos también al monte Nebo, desde lejos, el Señor nos hará ver las maravillas que está preparando para nosotros. Como dice el versículo 14 en Isaías 58, si guardamos el día sábado como Dios nos manda, Él nos hará subir sobre las alturas de la tierra para alimentarnos con la heredad de Jacob. Que el Señor nos ayude para que aprendemos a aceptar todas las decisiones de nuestro Padre para con nosotros sin murmurar. 1 Reyes 18:20. Tenemos un monte más para subir. Vamos, porque el siguiente monte no es tan alto; su punto culminante llega hasta los 520 m. Es el monte Carmelo, un monte lleno de árboles frondosos y desde su falda se puede ver el gran mar que es el Mediterráneo, y una gran parte de Samaria. Lo llamaremos monte de la decisión . ¿Por qué? ¿No hemos ya decidido seguir al Señor, de creer en sus promesas, de obedecer a su ley de amor? ¿Cuál es la razón de subir al monte Carmelo?. ¿Qué paso allí en el tiempo del profeta Elías? El pueblo se había alejado de Dios para seguir a los dioses de este mundo. ¿No es esto, muchas veces, nuestro caso? El enemigo nos susurra siempre que tenemos tiempo. Nuestro YO es siempre el ídolo más importante en nuestras vidas y de otro lado tenemos a muchos dioses más. Para separarnos de Dios no es necesario que sea un dios importante, puede ser un dios pequeñito pero de gran valor a nuestros ojos, que nos cuesta dejar para poder seguir nuestro camino con Jesús sin caer en las trampas del enemigo. Allí encima del monte de la decision oigamos a Elías decirnos: « ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él» (1 Reyes 18: 21) ¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Cuál sera tu respuesta? Querido hermano, hermana, Jesús nos dice: « ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro» (Lucas 16:13). Lucas 22:39. Seguimos nuestro camino y sin cansarnos subimos un monte bajito, humilde, que se llama monte de los Olivos. Es un monte a las afueras de Jerusalén. Es el monte de la oración . Aquí en este monte encontramos a nuestro Señor Jesús en un jardín, el jardín de Getsemaní. Él subía a menudo para orar, pasaba toda la noche orando por nosotros. ¡Cuánto debemos pedir a Dios que nos de la necesidad de orar como Jesús lo hacía! Yo no me recuerdo de haber orado toda la noche por alguien. ¿Y vosotros? ¡Toda la noche! Con la oración podemos tener una estrecha conexión con Dios y vencer el pecado de la tibieza, y cuando no recibimos lo que hemos pedido debemos recordar lo que dice la Palabra de Dios en Isaías 59:1-2: «He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha endurecido su oido para oir; pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no escucharos» Roguemos al Señor que nos haga ver nuestros pecados para clamar como David en el Salmo 32:5: « Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado». Podríamos decir muchísimas cosas más sobre la oración, hoy quiero solamente recordar que la oración es la llave que nos abre el cielo de donde caen sobre nosotros todas las bendiciones de Dios, para que tengamos una muy estrecha conexión con Él. Lucas 23:33. Tenemos un monte más y es el último para hoy. Este lugar está triste pero a la vez podemos estar llenos de gozo. Es el monte Calvario, no es muy alto para que todos podamos llegar allí, desde los más pequeñitos hasta los más mayores, esclavos y libres, pobres y ricos, humildes y orgullosos, TODOS. Este monte se encuentra también a las afueras de Jerusalén. Nosotros le daremos el nombre de monte de la reconciliación . En este monte podemos estar reconciliados con Dios por medio del sacrificio de Jesucristo. Él y solo Él nos une con el cielo. Por naturaleza somos enemigos de Dios. Nuestro camino de hoy nos ha conducido por medio de la fe a la obediencia, de la obediencia a la aceptación de la aceptación a la decisión y con el ayuda de la oración a la reconciliación. Con su sacrificio, nuestro Señor Jesús une la tierra con el cielo porque él dijo en Juan 12:32: « Y yo, si soy levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo». ¿Quién no se siente atraído por lo que hizo el Señor cuando padeció en la cruz? ¿Vamos nosotros también con nuestras actitudes pecaminosas a escupirle y a burlarnos de su debilidad como los demás? ¿o vamos a caer a sus pies para agradecerle por lo que hizo por mi y por ti? En la cruz el Señor pudo atraer al malhechor, un hombre sin esperanza, y le dio la maravillosa promesa de la vida con El en su reino. En la cruz Jesucristo venció al enemigo y cuando murió todo el cielo gritó de alegría porque el carácter de Dios habia sido finalmente vindicado. Apocalipsis 14:1. Os he dicho que hoy subiríamos sólo a seis montes, si los subimos con la ayuda del Señor Jesús, con alegría, sin murmurar, nos espera un monte más. Este monte no es de este mundo. Lo encontramos en Apoc. 14:1. Este último monte se llama Sion. Hoy no vamos a poder subir allí, subiremos solamente en el espíritu. Se llama el monte de la victoria . Heb. 12: 22: «...sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, a la asamblea festiva de miríadas de ángéles» . El versículo de Apoc 14:1, nos dice que sobre este monte se encuentran los 144.000. Son todos los creyentes de los últimos tiempos que han aceptado el triple mensaje angélico y también el mensaje del ángel de Apocalipsis 18. Son los que como real sacerdocio, por fe, han entrado en el santuario del cielo con el Sumo Sacerdote Jesucristo nuestro Señor. Vestidos de su justicia, han aceptado el gran sacrificio de la cruz, han nacido de nuevo con agua y fuego. Sus oraciones fueron escuchadas y con la sangre de Jesús fueron reconciliados con el trono de gracia, por eso llegaron finalmente hasta la Sión celestial para cantar con todo el universo el himno de la victoria y de la salvación. Os invito para que juntos sigamos nuestro camino en esta tierra subiendo cada día los seis montes de la fe y de la santificación hasta que un día, esperamos que no sea muy lejano, podamos alabar a nuestro Dios y Padre, al Cordero y al Espíritu Santo en el monte Sion. « A ti es debida la alabanza en Sion, oh Dios...» (Salmo 65:1) «Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que es inconmovible, que permanece para siempre» (Salmo 125:1). Que el Señor nos bendiga a todos. ¡Amén! Claire Alagy
Mi mayor preocupación Lo que más preocupa a todo verdadero y sincero cristiano es saber si está preparado para la muerte y para el encuentro con Cristo. Surge la pregunta: «¿Qué sería de mi vida si fuese hoy el último día de mi vida?» Por varias ocasiones en las que me he encontrado reunido con varios hermanos he dicho: «¡Qué bueno sería si Cristo viniera ya en este mismo día!». La mayor parte de los reunidos han contestado: «¡Ay, hermano, no diga esas cosas!». A continuación se explica el por qué de esta extraña reacción. Una noche, conversando con una anciana de más de ochenta años le pregunté si estaba preparada para deponer su espíritu. Su respuesta fue que no. Le pregunté cuántos años llevaba en la iglesia y me respondió que estaba casi cincuenta años. Le volví a preguntar por qué creía que no estaba preparada, ella respondió que tenía muchos defectos de carácter que todavía no había logrado vencer. Entonces le hice una pregunta más incisiva: «¿Si Cristo viniese hoy estarías perdida?». Mirándome seriamente me respondió: «¡Ah, pastor, no sé!. He luchado para cambiar mi mida, pero creo que como estoy todavía me encuentro muy lejos del cielo». Viendo su gran angustia le conté la experiencia de un sincero joven cristiano que oraba todos los días así: «Señor dame poder para transformar el mundo». Después de muchos años, ya casado y con varios hijos, meditando en su pasado y en su familia, que cada día se volvía más para el mundo que para Dios y muy preocupado por esta situación, se puso de rodillas y oró a Dios diciendo: «Señor, por muchos años he intentado transformar el mundo y no he podido. Ahora te pido que me des poder para transformar por lo menos a mi familia». Con este propósito luchó por mucho tiempo sin ver resultados positivos. Ya cansado y avanzado en años, reflexionando en sí mismo, le pidió una vez más a Dios: «Señor, no pude transformar el mundo, ni mi familia. Te pido por favor que me des poder para cambiar mi propia vida». Pasado los días, cuando estaba ya casi por morir, oró a Dios por última vez diciendo: «Señor, transforma mi vida porque yo no puedo». «Ve a casa del alfarero» En el proceso de la perfección del carácter, Dios no hace nada en el hombre y por el hombre sin su cooperación. Dios no fuerza la voluntad, esta debe ser predispuesta de manera libre y voluntaria. Es así como está ilustrado en el libro del profeta Jeremías (por favor lee Jer. 18:1-11). Dios quiere darle una lección al profeta Jeremías a cerca de Judá, pero también a tí y a mí. La palabra de parte del Señor es enviada al profeta para ordenarle que se levante y vaya a la casa del alfarero para que allí pueda entender lo que significa la soberanía de Dios. El alfarero trabaja sobre dos ruedas ligadas una a la otra y girando al mismo tiempo. Esto indica que Dios obra de acuerdo a la disposición humana, ya que su obra consiste, en primer lugar, en apelar a la razón y a la voluntad del hombre diciendo: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré a él...» (Apoc. 3:20). Abrir la puerta es aceptar la palabra de Dios en el corazón y entrar en íntima relación con el que todo lo puede. Esto es ponerse en las manos del alfarero, dejándose guiar, obedeciendo a todo lo que Dios le ordena. Es aquí donde muchos patinan y no avanzan. Cada día oyen la voz de Dios pero no abren la puerta, no asumen sus responsabilidades personales, no se comprometen de espíritu, alma y cuerpo por la causa de Dios, son vacilantes y mantienen en reservas ciertos ídolos. Otros más sincero luchan, quieren ver realmente cambios en sus vidas pero no lo consiguen. No debemos desesperar, Dios dice: «No podré yo hacer de vosotros como este alfarero? Así como el barro en las manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano». El propósito original de Dios puede ser frustrado El propósito original del alfarero puede ser frustrado por causa de la arcilla, cuando esta es impropia, pues la calidad del vaso depende del material. La arcilla es el hombre, el alfarero es Dios. El profeta Isaías dice: «Ahora, pues, Señor tú eres nuestro Padre, tú nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros» (Is. 64:8). El creyente, oyendo la palabra de Dios, en forma voluntaria se une a la iglesia, teóricamente acepta a Cristo como su Salvador y Señor, por su propia elección se pone en las manos del alfarero; pero muchos no experimentan ni dan frutos de una verdadera conversión. Una verdadera conversión es una experiencia dramática, que produce un cambio radical. El apóstol Pablo es un ejemplo de ello (ver en Hechos 9:1-9). Los hombres que iban con Saulo camino de Damasco para perseguir a los cristianos, se habían detenido atónitos cuando Pablo tuvo la revelación de Cristo, porque habían oído la voz, pero no habían visto a nadie. Entonces Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no veía nada. Así, lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días sin ver. Y no comió ni bebió. Cuando la luz de la gracia de Dios entra en el corazón, todo el ser se constriñe, la primera disposición del alma convertida es: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?». Hay una completa predisposición para ponerse a la orden de Dios. Pero cuando la palabra llega al oído y no es aceptada en el corazón, tal oyente es considerado como arcilla de mala calidad que no se deja moldear con la mano del alfarero, pues esta se parte, no está dispuesto a obedecer, no dice: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?», sino que haya que la iglesia es demasiado exigente y que no es necesario ser tan estrictos. De esta forma, muchos frustran el propósito de Dios, tornándose vasos deshonrosos ante su presencia. Querido lector, si estás frustrando la obra del alfarero, piensa que eres tú quien está perdiendo, porque en breve el destino de cada alma quedará definido para siempre. Dios te ama (Jer. 31:3). No luches solo, di al Supremo alfarero: «Señor transforma mi carácter, porque yo no puedo. Hazme una vasija para honra, moldéame según tu voluntad ( Fil. 2:13). No permitas que por mi actitud los designios que tú tienes para conmigo se frustren». Amén. Daniel Gustavo García López
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