LA SAL
La sal es conocida desde la más remota
antigüedad. La sal se obtiene de salinas por evaporación al sol y al viento
o también
puede extraerse de yacimientos al cielo abierto (sal gema).
La sal que procede del mar que no ha sido
refinada es la más interesante para usar en las comidas. ¿Sabes por qué está
húmeda? Por que absorbe la humedad del ambiente, y esto es posible porque
contiene magnesio y calcio. Esta propiedad se conoce con el nombre de
“higroscópica”. Para poderla comercializar la tiene que refinar y añadir
otros productos. Pero lamentablemente esto
no es lo mejor ya que le han desprovisto de sus minerales en la
manipulación.
La sal está formada en su estado natural por
cloruro sódico, del cual contiene un 95 a 99%. El resto son combinaciones de
magnesio, calcio, potasio, sodio, etc.
Un exceso de sal en la alimentación podría
traer consecuencias negativas para la salud, por lo que conviene ser
moderados en su consumo. Ya sabes, querido niño, no te atiborres de
alimentos muy salados porque esto no es bueno para tu salud.
En la Biblia también se habla de la sal. La
mujer de Lot se convirtió en estatua de sal mientras huía con su esposo de
Sodoma y Gomorra ( Gn. 19:26). En el ritual hebreo la sal jugaba un papel
importante ya que las ofrendas debían ser sazonadas con sal, como símbolo de
la gracia de Cristo (Lv. 2:13). En el libro de Job se pregunta: “Se comerá
lo desabrido sin sal?” (Job 6:6). Jesús dijo que la sal era buena (Mr. 9:50)
y a los creyentes fieles y activos en la causa de Dios los comparó con la
sal al decir: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt. 5:13).
Las legiones romanas recibían el pago de sus
servicios con sal, de ahí la palabra “salario” y actualmente en países como
la India y otros, la sal ha formado y forma parte de la economía del país.
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La miel es uno de los alimentos más sabrosos que existen. Es
medicinal y posee propiedades nutritivas que la hacen un buen alimento para
los niños y los adultos. Para endulzar es excelente y no produce caries como
el azúcar blanco. Por eso es mucho mejor poner miel en los alimentos que
queremos que estén dulces que no el azúcar.
A mí me encanta untar una tostada de pan con
miel y acompañarlo de unas frutas, o bien de un vaso de leche de soja. Está
riquísimo.
La miel es beneficiosa para el corazón, el
hígado, las vías respiratorias, el aparato digestivo, etc. Un buen remedio
para el resfriado es tomar una cucharada de miel con agua caliente y zumo de
limón. La miel también se puede usar como cicatrizante de heridas y algunos
expertos la recomiendan como mascarilla para suavizar y nutrir la piel del
rostro.
Como es energética es ideal para los
deportistas, pero sin abusar de ella como dice Salomón: “Comer demasiada
miel no es bueno” (Pr. 25:27). Los diabéticos deben abstenerse de ella.
Egipcios, griegos, romanos y árabes
apreciaron mucho este producto de las abejas, que fabrican la miel libando
–chupando- de las flores –nectarios- su néctar. Para que te hagas una idea
de cuánto cuesta su elaboración tienes que saber que una abeja debe chupar
en miles de flores al día para fabricar unos gramos de este precioso
líquido, que va llevando a la colmena donde lo deposita en los panales.
Dentro del pueblo hebreo también era muy
conocida la miel, y los israelitas la consumían con frecuencia. Cuando Dios
habló a Moisés desde la zarza que no se consumía, en Oreb, citó la miel: "He
visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, he oído el clamor que
les arrancan sus opresores, pues conozco sus angustias. Y he descendido a
librarlos de mano de los egipcios, y a sacarlos de este país para llevarlos
a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel” (Ex. 3:7-8).
Los escritores sagrados han utilizado la
miel como símbolo de la riqueza y dulzura de la Palabra de Dios (Sal.
19:10).
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Tal vez no nos hallamos parado a pensar en
lo importante que es este preciado líquido que Dios creó para nosotros, sin
duda es la más importante sustancia de las que existen sobre este planeta,
ya que tres cuartas partes son agua.
El 70 por
cien de nuestro organismo, aproximadamente, es agua. Todos los seres vivos
necesitan el agua para su existencia. Además el agua la temperatura de la
Tierra. La energía solar que nos llega es también absorbida por los océanos,
evitando así que nos afecte la intensidad de la temperatura.
El agua es la parte esencial del tejido
vivo. Es más importante que el alimento sólido, porque sin beber se puede
vivir menos tiempo que sin comer. Todos los órganos del cuerpo necesitan
agua para funcionar. Se necesita para hacer una buena digestión, para que
podamos caminar y mover bien los brazos y para otras muchas cosas.
Recuerda que cuando juegas o haces deporte,
por el sudor se pierde agua, también al respirar o cuando se tiene fiebre o
se orina o se tiene fiebre, de ahí la importancia de beber todos los días
agua, al menos de cuatro a cinco vasos al día. Ten en cuenta que el agua es
la bebida ideal para satisfacer la sed y no las bebidas gaseadas y
edulcoradas que suelen perjudicar la salud.
El agua es curativa y desde la antigüedad se
ha utilizado tanto interna como externamente. La técnica de curar con agua
se llama “hidroterapia” y la curación con el agua de mar “talasoterapia”.
La Biblia nos enseña que un pueblo bendecido
es un pueblo con agua: “Se le dará su pan, y sus aguas serán seguras” (Is.
33:16). Por el contrario la ausencia de lluvia era una señal de desagrado
divino: “Vive el Eterno Dios de Israel, a quien sirvo, que no habrá lluvia
ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1 R. 17:1).
Nuestro Señor Jesucristo nos promete darnos
de su agua, un agua que sacia la sed de nuestra alma y nos hace felices:
“Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el
agua que yo le daré será en él una fuente de agua, que brota para vida
eterna” (Jn. 4:14). Esta agua representa sus enseñanzas, el poder de su
Palabra.
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La uva es el fruto de la vid. Sus
propiedades dietéticas y medicinales son extraordinarias. Existe sobre la
uva un refrán que ilustra la importancia que se le ha dado siempre: “Fruta
como la uva quién la ha visto, pues le dio su sangre a Cristo”.
Desde tiempos muy remotos la uva ha gozado
de mucha fama en la curación de enfermedades. Los griegos y los romanos
pasaban largos períodos de tiempo comiendo esta excelente fruta y no comían
otra clase de alimento. A esta práctica se la llamaba “cura de uvas”.
La uva contiene azúcar natural, ácidos
tánicos, lecitina, tirosina, vitamina C y otros nutrientes. Estos nombres a
lo mejor te suenan a “chino”, como se suele decir, pero es bueno que te
vayas acostumbrando a oirlos.
De la uva se saca el mosto que es muy
nutritivo y medicinal para el hígado, el estómago, los riñones, etc. Del
mosto dice la Biblia: “Como si alguno hallara mosto en un racimo, y dijera:
'No lo desperdicies, que bendición hay en él'” (Is. 65:8); pero si se deja
fermentar se convierte en vino con alcohol y esta bebida ya no es saludable.
La uva también cura enfermedades como el reuma y la anemia. Los enfermos
diabéticos no deben consumirla por su alto contenido en azúcar.
En el Antiguo Testamento, la uva es conocida
y muy apreciada por el pueblo de Dios. La Biblia hace diferencia entre el
zumo de la uva fermentado, que es el vino y el zumo natural. Del primero se
dice que no se debería usar: “El vino es escarnecedor, la sidra
alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra, no es sabio” (Pr. 20:1). “No
mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en el vaso. Entra
suavemente, pero al fin morderá como serpiente, y como víbora dará dolor” (Pr.
23:31).
En el libro de Números se narra la historia
de dos espías que mandó Moisés a reconocer la tierra de Canaán. Cuando
llegaron al arrollo de Escol, cortaron un sarmiento “con un racimo de uvas
el cual trajeron dos en un palo...” (Nm. 13:23). ¡Cuánto me hubiese gustado
saborear las uvas de aquel racimo! ¿Y a ti?
La vid y su fruto también es usado por los
escritores de la Biblia como símbolo del pueblo de Israel (Jr. 2:21); la
mujer virtuosa (Sal. 128:3); Jesús y los cristianos (Jn. 15:1-6).
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El pan es uno de los alimentos más completos que consumimos. Desde muy
antiguo se ha venido utilizando como alimento primordial y en la Biblia se
hace mención de él muchas veces, y no es de extrañar ya que el pan, en el
caso de que sea de trigo (porque puede haber también de otros cereales como
cebada, centeno, maíz, etc.) posee proteínas, que sirven para ayudar a
crecer a los niños, también es rico en minerales, como el calcio, hierro y
fósforo; asimismo posee vitaminas y fibra. Cuando el pan es integral todos
estos nutrientes están presentes en gran cantidad, pero si el pan está hecho
con harina blanca (significa que la han refinado), los pierde en gran parte;
por eso en la actualidad, algunos países añaden a la harina blanca hierro y
vitamina D.
Comprenderás que es mucho mejor consumir
pan integral que “pan blanco”, como normalmente se le conoce al elaborado
con la harina refinada.
Mira si es importante el pan que en la
Escritura para designar el alimento en general, se usa la palabra “pan”.
Jesús enseñó en la oración del Padrenuestro que debíamos orar por el
alimento diario y lo engloba en la palabra “pan”: “Danos hoy el pan
nuestro de cada día” (Lc. 11:3).
El pan era el alimento habitual de los
antiguos, de hecho en el primer libro de la Biblia, el Génesis, ya aparece
este alimento como símbolo también de la comida que iba a sostener al ser
humano: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a
la tierra de donde fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gn.
3:19).
El pan también se usaba en los servicios
religiosos de la época del Antiguo Testamento, cuando se realizaban los
sacrificios: "El sacerdote los presentará ante el Eterno, como una ofrenda
mecida, junto con el pan de las primicias y los dos corderos. Serán
algo sagrado del Eterno para el sacerdote” (Lv. 23:20).
Jesús comparó su cuerpo –su vida- con el
pan: "Yo Soy el pan de vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre,
el que cree en mí, no tendrá sed jamás” (Jn. 6:35). Así como hay que comer
el pan para nutrir y alimentar nuestro cuerpo, así también debemos aceptar a
Jesús como nuestro Salvador personal y como nuestro Señor si queremos nutrir
nuestra vida espiritual, y esto se hace estudiando su Palabra, que es el pan
del alma: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de
la boca de Dios" (Mt. 4:4). La Biblia es el Pan de Vida de la cual todos
pueden comer y obtener vida eterna.
La próxima vez que tengas un pedazo de pan
en tus manos piensa en lo importante que es este alimento, ¡ah, y recuerda!
Hay muchos niños en el mundo que no lo tienen y sufren por ello. No lo tires
ni desprecies.
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LA LECHE
La leche de vaca, junto con
la de cabra y la de oveja, era uno de los alimentos principales de los
israelitas. Para su conservación se usaban odres y era uno de los manjares
que se ofrecía a los huéspedes. Con la leche se elaboraba la cuajada y
también la mantequilla y el queso.
En muchas ocasiones, cuando el Señor quería
decirles a los israelitas que les iba a bendecir en la tierra a la cual les
estaba conduciendo a través del desierto, les citaba este alimento: «... y
he descendido para libraros de manos de los egipcios, y sacarlos de aquella
tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel»
(Éx. 3:8).
En el Nuevo Testamento, la leche es símbolo
de la auténtica y completa doctrina de Cristo, que deben “beber” los fieles
para crecer en la vida de fe: “Como niños recién nacidos, desead la leche
espiritual pura, para que por ella crezcáis en vuestra salvación, si es que
habéis gustado que el Señor es bueno” (1 P. 2:2-3). La leche, pues,
representa figuradamente el primer alimento para los recién nacidos en la
fe, que a medida que crezcan deberán consumir la comida sólida de la
doctrina que nutre a los creyentes experimentados en contraste con la comida
sólida de doctrinas que nutre a los cristianos experimentados: “Os di a
beber leche, y no alimento sólido, porque aún no podíais soportarlo” (1 Co.
3:2). Ver también en He. 5:12-14.
Los expertos en nutrición nos dicen que la
leche contiene muchas proteínas, grasas, azúcares y otros nutrientes. Con
la leche se pueden preparar pasteles muy ricos, yogur, requesón y otras
cosas que seguramente a tí te gustarán mucho.
Beber la leche acompañada de azúcar no es
aconsejable, mejor es tomarla sola. Tampoco es bueno abusar de su consumo,
algunas personas sufren alergias por ello. En este caso lo mejor sería
reemplazarla por la leche de soja o de almendras. Al requesón, cuajada,
yogour, etc., le puedes añadir un poco de miel o melaza.
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El cultivo
del olivo data desde muy antiguo. Según fuentes históricas, ya los sumerios,
habitantes del sur de Babilonia, hace más de 5000 años, conocían este árbol
y su maravilloso fruto: La aceituna u oliva.
La
civilización egipcia también conoció el olivo, ya que en el Papiro de Eber,
un libro que data de aquella época, se menciona el aceite de oliva, y
estamos hablando del año 3000 a. C. Y no es de extrañar que estas personas
valorasen tanto este fruto, ya que posee extraordinarias propiedades
tanto alimenticias como medicinales.
Por citar algunas de sus
cualidades dietéticas, diremos que las aceitunas contienen algo de proteína,
hidrato de carbono, fibra, sales minerales como potasio, sodio, calcio,
magnesio y hierro. También contiene vitamina A. El aceite, por su
composición es muy útil para los enfermos de hígado, vesícula biliar,
estómago, aparato circulatorio, piel y riñones, etc., siempre y cuando,
claro está, se tome crudo, no frito. Se puede usar sobre las ensaladas, el
pan o de otras maneras. Es un excelente cosmético para la piel.
El aceite también se menciona en la Biblia. Era usado
como alimento (1 R. 17:12), como combustible para las lámparas del
tabernáculo y del templo (Lv. 24:2), como ungüento para la piel y como
medicamento para heridas (Lc. 10:34). El aceite que preparaban lo
conservaban en tinajas para que no se estropease.
El aceite de
aceitunas en la Biblia se cita asimismo como símbolo del Espíritu Santo:
"Veo un candelabro todo de oro, con un depósito de aceite, siete
lámparas encima y siete tubos para las lámparas que están encima de él. Y
junto a él dos olivos, uno a la derecha del depósito, y otro a la
izquierda. Proseguí y pregunté al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué es esto,
señor mío?. El ángel que hablaba conmigo respondió: "¿No sabes qué es esto?"
Dije: "No, señor mío". Entonces respondió: "Esta es la Palabra del Señor a
Zorobabel, que dice: 'No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu'
—dice el Eterno Todopoderoso” (Zac. 4:1-6). Jesús también utiliza el aceite
como símbolo del Espíritu Santo: “Pero un samaritano, que iba de camino,
vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose,
vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su
cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él” (Lc. 10: 33-34).
¿Te acuerdas con lo que pasó con las cinco vírgenes
que no tenían aceite en sus lámparas (es decir que no dejaban que el
Espíritu Santo morase en ellas)? ¿Qué pasó cuando vino el esposo? No
pudieron entrar a las bodas. ¿Deseas poseer el aceite del Espíritu Santo?
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El hisopo también es conocido
con el nombre de "hierba sagrada". Es una planta que crece a manera de mata,
sus hojas tiene forma de una punta de lanza, en botánica se conoce a este
tipo de forma de hojas por el nombre de
hojas lanceoladas
y están forradas con una especie de terciopelo verde, y justo en el
nacimiento de las hojas salen unas hermosas flores de color blanquecino y
también azul, que se usan para aplicaciones medicinales y para la
fabricación de perfumes. En medicina natural se utiliza como infusión cuando
hay resfriados, gripe, afecciones de los nervios y del estómago.
El hisopo aparece en la Biblia, y es
símbolo de limpieza. El salmista David lo conocía por eso pudo hacer la
siguiente oración: «Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame, y seré
más blanco que la nieve» (Sal. 51:7).
Cuando se celebró la primera Pascua en
Egipto, Dios ordenó que tomaran un manojo de hisopo y que lo mojaran en la
sangre de los corderos sacrificados y untaran los dinteles y los postes
de sus puertas. (Ex. 12:22). También aparece en las leyes ceremoniales
relacionadas con la purificación de los leprosos (Lv. 14:4). Esta planta
está presente en la crucifixión de Jesús (Jn. 19:29).
La Iglesia Católica llama hisopo a un palo
corto y redondo, en cuya extremidad se pone un manojito de cerdas o una
bola de metal hueca con agujeros, y sirve en las iglesias para esparcir agua
al pueblo, y esta agua la consideran bendita.
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