MINISTERIO ELECTRÓNICO

“Al anunciar el evangelio, no tengo de qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad. ¡Ay de mí, si no anunciara el evangelio!” (1 Cor. 9:16).

“Relataron cuán grandes cosas había Dios hecho con ellos” (Hech. 14: 27).

“Preparad el camino del Señor. Enderezad sus sendas” (Mat. 3:3). 

EL CUERPO DE CRISTO: LA IGLESIA REFLEXIONES EN TORNO AL TERMINO (I PARTE)

      Es corriente escuchar en los medios de comunicación, y también entre los cristianos, el término iglesia para designar un lugar de culto, templo o edificio donde se reúnen los creyentes. «Vengo de la iglesia». «Predicaron un sermón muy hermoso en la iglesia».

      Este uso de la palabra iglesia no es correcto, ya que, como veremos a continuación, el vocablo objeto de estudio está muy lejos, etimológicamente hablando, de denominar el recinto donde se congregan los fieles.

      Otra equivocación de mayor trascendencia y envergadura que la anterior, consiste en creer que no importa la iglesia a la que pertenecemos, ya que en definitiva todas son iguales. Lo que Dios realmente mira es la fe que se alberga en el corazón. (1)

      Muchos abrigan la idea de que se debe permanecer de por vida en la iglesia que militaron sus antepasados, llegándolo a considerar como una especie de «legado sagrado». Para ellos, cambiar de iglesia, es como un acto delictivo a nivel de la conciencia, una herejía imperdonable. La tradición prima por encima de toda evidencia teológica, bíblica, histórica, profética, etc. (2)

   No faltan tampoco teólogos que abogan a favor de la filosofía de la «iglesia militante», confiriéndole un sentido equivocado a esta terminología, ya que en su interpretación pretenden excusar y legitimar los pecados que se cometen en el seno de su congregación, tanto a nivel de los miembros como de los dirigentes. Su tesis consiste en defender a ultranza el derecho de ser llamados «pueblo de Dios», por supuesto, reclamando para sí todos los favores espirituales que esta pertenencia implica, pero sin tener en cuenta las condiciones bajo las cuales Dios verifica su «pacto». (3)

     Los hay que piensan que no hace falta ninguna iglesia para creer en Dios y ejercitar la fe.(4) Otros fundan su propia iglesia por el mero hecho de no congeniar temperamentalmente con sus antiguos correligionarios, o por causas de carácter baladí. Entran en una nueva organización sin haber apostatado de los principios la que han abandonado. (5)

    Actualmente, con la proliferación de tantas denominaciones cristianas, que ya se cuentan por miles en el mundo, (6) en contraposición de la única iglesia que fundara nuestro Señor Jesucristo, una gran cantidad de personas sinceras se preguntan el por qué de este fenómeno, y cuál de todas ellas tiene el sello característico de la verdadera iglesia del Señor.

    Lamentablemente también existen personas que no creen en Dios ni en su iglesia. Pero de ellos no trataremos en este artículo.

    En resumen, todo lo expuesto se puede concentrar en una pregunta: «¿Qué es la iglesia?» Para despejar este interrogante, vamos a dividir este escrito en dos partes. En la primera abordaremos: a) La esencia de la iglesia , es decir, la naturaleza de la misma y b) la unidad de la iglesia. Y en la parte segunda: a) La misión de la iglesia. b) El distintivo de la iglesia. c) El futuro glorioso de la iglesia.

 

La esencia de la Iglesia

    La aparición de la iglesia se la debemos a Cristo, él es el fundador y sustentador de la misma. (7)

     El término castellano iglesia deriva del griego ekklesia , que en el mundo helenístico significaba la «asamblea» o «congregación» del demos (pueblo) como fuerza política. Los nuevos conversos al cristianismo utilizarán el vocablo ekklesia para referirse a la «asamblea» o «congregación» de los seguidores de Jesús.

    Con esta nueva denominación los creyentes harán referencia a:a) Grupos locales o regionales, que se congregan en un mismo lugar para rendir culto a Dios. (8) b) Cristiandad de todo el mundo. (9)

     No es de extrañar que Jesús al fundar un nuevo Pueblo de Dios en continuidad con el del Antiguo Testamento, adopte un nombre con una clara referencia al antiguo Israel, al cual Jehová reunía en «convocación santa» (10) . En la Nueva Dispensación el Israel espiritual (11 ), es «llamado» en Jesucristo, para formar la «convocación santa» de los cristianos. (12)

   La iglesia, pues, es la comunidad de hombres y mujeres beneficiarios de la salvación en Jesucristo (13) . Es la familia de Dios, la sociedad universal de los creyentes que aceptan a Jesús como su Salvador y a su Palabra como la pauta que deberá regir sus vidas. La iglesia no es el edificio dedicado al culto, sino las personas que creen en Jesús y le siguen, obedeciendo sus Mandamientos (14) , como suprema manifestación de la gratitud que sienten hacia él por haber entregado su vida para salvarles. «La iglesia es la sociedad cristiana formada por los miembros que la componen, para que cada uno goce de la ayuda de todas las gracias y talentos de los demás miembros, y también de la operación de Dios en su favor, de acuerdo con los diversos dones y habilidades que Dios les concedió.» (15) «¿Por qué los creyentes se constituyen como iglesia? Porque por este medio Cristo quiere aumentar su utilidad en el mundo y fortalecer su influencia personal para el bien» (16)

    Cristo fundó la iglesia para que su mensaje trascendiera más allá de su tiempo, haciéndolo extensivo a toda nación, tribu, lengua y pueblo (17) . La hizo depositaria de las riquezas del Evangelio para que a su vez pudiera compartir con el resto del mundo el don mirífico de la gracia. Ella custodia ese legado sagrado, cree en él, lo entreteje en su experiencia diaria y lo comparte.

    Jesús tiene una gran familia en todo el mundo: Su iglesia . El cristianismo genuino no distingue razas, nacionalidades o posición social. Aquel que quiera puede pertenecer a la iglesia de Cristo. Todos estamos invitados. «Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.» (Ef. 2:19).

La unidad de la Iglesia

    La unidad del cuerpo . En un sentido más profundo, la iglesia es el Cuerpo místico de Cristo (18) del cual él es la Cabeza (19) y nosotros sus miembros. Esto quiere decir que todos los creyentes que compartimos la misma fe, pertenecemos por la adopción de Cristo, a través del bautismo (20) , al mismo cuerpo. (21) Unos somos manos; otros, pies; otros, brazos; otros, ojos, etc. Cada uno según los dones espirituales que ha recibido (22) , debe desempeñar una función específica en la comunidad. Esta función, obviamente, debe realizarse en perfecta armonía con las del resto del cuerpo, y todas, a su vez, deben estar gobernadas por el cerebro. (23)

   Sabemos muy bien lo que ocurre en nuestra fisiología, cuando algún miembro de nuestro organismo no desempeña sus funciones con normalidad: Surge la enfermedad. Primeramente la de dicha parte dañada y posteriormente, sino se cura, la del resto del cuerpo. De ahí la importancia capital de que la familia o cuerpo de Dios, permanezca unido.

    Es más que evidente de que existe una interdependencia entre los distintos miembros del cuerpo humano. El hecho de que Pablo tome esta analogía para ilustrarnos como «funciona» el cuerpo de la iglesia, ¿no es prueba de que las palabras interdependencia, organización, unidad, armonía, orden, concierto, amor, etc, deben materializarse en la dinámica diaria de la comunidad creyente?

    «Los siervos de Dios han de trabajar juntos... No debe haber crítica, falta de bondad; no debe hacerse trizas el trabajo de otros, ni ha de haber distintos partidos...Bajo Dios, cada uno ha de hacer su trabajo señalado, respetado, amado y animado por los otros obreros. Juntos han de llevar adelante la obra hasta completarla.» (24) «Los hijos de Dios avanzarán juntos y presentarán al enemigo un frente unido...» (25) «Dios quiere que haya unión y amor fraternal entre su pueblo». (25)

     «En la unión está la fuerza. En la discordia y la desunión hay tan sólo debilidad. Dios nunca tuvo la intención de que un solo hombre, o cuatro, o veinte, tomasen en sus manos una obra importante y la hiciesen avanzar independientemente de los demás obreros que trabajan en la causa. Dios quiere que su pueblo se consulte mutuamente, que constituya una iglesia unida, y que forme un todo perfecto en Cristo. Nuestra única seguridad radica en que sigamos los consejos del cielo, en que procuremos hacer siempre la voluntad de Dios y que seamos obreros juntamente con él. Ningún grupo de personas debe confederarse y decir: «Vamos a encargarnos de esta obra para llevarla a cabo según nuestros propios métodos; y si no se hace como nosotros queremos, no la apoyaremos con nuestra influencia a fin de que no se realice». Esta es la voz de Satanás , no la de Dios . No obedezcáis tales sugestiones ». (26) (El énfasis es nuestro). «No dejéis que Satanás arroje su sombra infernal entre los hermanos. Uníos; en la unidad está la fuerza». (27)

    En su epístola a los Corintios, Pablo, enfatiza la importancia de la unidad al enseñar que «ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.» (28) Todos los miembros de la iglesia de Cristo somos hermanos, comprados con su sangre preciosa. Nadie tiene derecho a romper el vínculo que nos une. Nadie que socave la unidad del pueblo de Dios en esta tierra quedará indemne. Dividir, confrontar y enemistar a los hermanos es la obra del Diablo, y todo aquel que en mayor o en menor medida fomenta las contiendas fraternales, o contraviene el orden eclesial establecido, es un instrumento, pero no en las manos de Dios. Con esta actitud está provocando un «desorden celular» en el cuerpo de creyentes. Pablo considera muy graves estos desórdenes, ya que atentan contra la paz, la armonía y la acción conjunta. Persistir en crear y mantener las divisiones dentro del pueblo de Dios es un grave pecado del cual debemos arrepentirnos antes de que sea demasiado tarde. (29)

    Satanás busca a toda costa dividir a los hijos de Dios. Sabe que si logra debilitar nuestras filas será más fácil vencernos. De todos es sabido que los partidos políticos, ejércitos, o cualquier grupo social que revindica alguna causa, tienen bien claro que sólo a través de la unidad en la acción se pueden obtener óptimos resultados. Su consigna es: Unidos venceremos. «Si los hombres no van a avanzar de común acuerdo para llevar a cabo la grandiosa obra que hay que hacer en este tiempo, habrá confusión. No es buena señal que los hombres rehúsen unirse a sus hermanos y prefieran actuar solos. En lugar de aislarse, avancen en armonía con sus colaboradores. A menos que lo hagan, actuarán a destiempo y en dirección equivocada». (30)

    Se cuenta que en una montaña cerca de una espesa selva del África, vivían diez búfalos. Tanto cariño se tenían que siempre estaban juntos. Un león que habitaba en la cercana selva deseaba matarlos uno a uno para darse un banquete con ellos pero no se atrevía por temor a los cuernos juntos de todos los animales. El león soñaba con el día en que los diez búfalos se separasen.

    Un desafortunado día uno de los búfalos, antes que se despertase por la mañana el resto de sus compañeros, comenzó a atiborrarse de la mejor hierba. Cuando despertaron y lo sorprendieron in fraganti , se llenaron de indignación ante su gran egoísmo. El ejemplo fue contagioso y desde aquel momento cada uno de los búfalos se dedicó a buscar para sí, sin pensar en los demás, la mejor hierba. Como resultado terminaron separándose.

    El león, sigilosamente y con un mucho interés, desde su escondite seguía la escena. Cuando los búfalos se dividieron, entendió que había llegado el momento tan anhelado para él, y comenzó a cazarlos uno a uno desde aquel día hasta que terminó devorándolos a todos.

    Pedro, en su primera epístola, hace un llamado desesperado a la iglesia: «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1Ped. 5:8). Unos versículos antes ha dado la clave para preservar la «manada de Cristo» de los ataques de Satanás: «Estad...sumisos unos a otros...» (V.5) . Satanás, el león rugiente, está esperando ansiosamente escondido en su selva, la falta de unidad en la iglesia, para atacarnos y devorarnos.

    La organización del cuerpo . Es evidente que por especioso y noble que sea el propósito que mueva a cualquier colectivo social, sino está bien organizado el esfuerzo, los resultados serán decepcionantes. ¡Seguro!

    Para que el Israel del Antiguo Testamento, pudiera acometer con éxito la empresa emprendida al salir de Egipto, Dios los mantuvo unidos y organizados. En Éxodo 18:21-23 encontramos los fundamentos de su organización. El objetivo divino está explicitado en el contexto: a) Mayor efectividad en la tarea. b) Repartición de responsabilidades. c) Conseguir mayor estabilidad interna entre las tribus en su circunstancia de peregrinaje hacia Canaán.

    La Asociación General, las Uniones, Asociaciones e Iglesias (estructura actual de la iglesia), corresponderían al sistema organizativo inspirado por Dios a Israel, y el Espíritu de Profecía explica el por qué se hizo necesaria una organización a medida que aumentaba la membresía en el mundo: «Para propor­cionar sostén al ministerio, para dirigir la obra en nuevos territorios, para proteger tanto a las iglesias como a los ministros de los miembros indignos, para custodiar las propiedades de la iglesia, y para la publicación de la verdad por medio de la prensa, y para muchos otros objetivos, la organización era indispensable...» (31)

    «Que nadie albergue el pensamiento de que podemos prescindir de la organización. Esta nos ha costado mucho estudio y muchas oraciones en demanda de sabiduría, de manera que sabemos que Dios ha contestado, para erigir esta estructura... Que ninguno de nuestros hermanos esté tan engañado como para destruirla, porque entonces introduciréis una condición que ni siquiera soñáis. En el nombre del Señor os declaro que la organización ha de permanecer, fortalecida, fijada». (32)

«Necesitamos sostener las cuerdas en forma pareja, para que no se quebrante el sistema de regulación y orden. De esta manera no se dará ocasión a elementos desordenados para dominar la obra en este tiempo». (33)

Ya en la iglesia primitiva es patente la organización, la unidad y la acción armónica: Tenían una fe en común, existían pastores, diáconos, etc.; predicaban el Evangelio, bautizaban a los conversos, se reunían, habían colectas, se celebraban concilios entre las iglesias, etc.

«El orden mantenido en la primitiva iglesia cristiana, la habilitó para seguir firmemente adelante como disciplinado ejército revestido de la armadura de Dios. Aunque las compañías o grupos de fieles estaban esparcidos en un dilatado territorio, eran todos miembros de un solo cuerpo y actuaban de concierto y en mutua armonía». (34)

«Como factor importante del crecimiento espiritual de los nuevos conversos, los apóstoles se esforzaron por rodearlos con las salvaguardias del orden evangélico. Organizaron iglesias en todos los lugares de Licaonia y Pisidia donde había creyentes. En cada iglesia elegían directores y establecían el debido orden y sistema para la conducción de todos los asuntos pertenecientes al bienestar espiritual de los creyentes.

«Esto estaba en armonía con el plan evangélico de unir en un solo cuerpo a todos los creyentes en Cristo, y Pablo tuvo mucho cuidado en seguir este plan en todo su ministerio. Los que en cualquier lugar eran inducidos por sus labores a aceptar a Cristo como su Salvador, eran, al debido tiempo, organizados en iglesia. Se hacía esto aún cuando los creyentes no fueran sino pocos. Así se les enseñaba a los cristianos a ayudarse unos a otros, recordando la promesa: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos» (Mat. 18:20) (35) (El énfasis es nuestro).

Todo esto está muy bien, podrá decirse alguien, pero, ¿y si surgen problemas en la iglesia? ¿no hay que hacerles frente y enmendar lo torcido? ¡Claro, pero sin dividir el cuerpo ni despreciar la organización! «Cuando se suscitaban disensiones en alguna iglesia local, como ocurrió después en Antioquía y otras partes, y los fieles no lograban avenirse, no se consentía en que la cuestión dividiese a la iglesia , sino que se la sometía a un concilio general de todos los fieles constituido por delegados de las diversas iglesias locales con los apóstoles y ancianos en funciones de gran responsabilidad. Así por la concertada acción de todos se desbarataban los esfuerzos que Satanás hacía para atacar a las iglesias aisladas, y quedaban deshechos los planes de quebranto y destrucción que forjaba el enemigo». (36)

El asunto de Antioquía que se cita con anterioridad, se refiere a la disputa que hubo en esta gran iglesia entre judeocristianos y gentiles convertidos, con respecto a la ley ceremonial. Como no lograban avenirse se decidió organizar un concilio general y llevar este asunto a la más alta instancia de la Iglesia. Los enviados por la iglesia «había de encontrarse allí con delegados de las diferentes iglesias, y con aquellos que habían venido a Jerusalén para asistir a las próximas fiestas. Mientras tanto, había de cesar toda controversia hasta que fuese dada una decisión final en el concilio general. Esta decisión sería entonces aceptada universalmente por las diversas iglesias en todo el país». (37)

Después del congreso, los delegados, entre los que se encontraba el apóstol Pablo, regresaron a Antioquía con la resolución escrita «que debía poner fin a toda controversia; porque eran la voz de la más alta autoridad en la tierra». (38)

«En la multitud de consejeros hay seguridad» (Prov. 11:14) El espíritu de independencia en la iglesia no es bueno. Todos tenemos una conciencia, y también las capacidades que Dios nos ha dado. Pero no podemos usar toda esa fuerza como a nosotros nos parezca, sin tener en cuenta la opinión de nuestros hermanos, y esto se aplica de una forma especial a las decisiones tomadas por la Asociación General: « ...Cuando el juicio de la Asociación General, la cual es la más alta autoridad que Dios tiene sobre la tierra, es ejercido, la independencia privada y el juicio privado no debe ser mantenido, sino que debe someterse». (39)

A pesar de la espiritualidad «himalayana» del apóstol Pablo, nunca olvidó esta enseñanza: «No obstante el hecho de que Pablo era enseñado personalmente por Dios, no tenía ideas exageradas de la responsabilidad personal. Aunque esperaba que Dios lo guiara directamente, estaba siempre listo a reconocer la autoridad impartida al cuerpo de creyentes unidos como iglesia». (40)

«Cuanto mayores son las responsabilidades colocadas sobre el agente humano, y mayores sus oportunidades para mandar y dirigir, mayor daño hará con toda seguridad si no sigue cuidadosamente el camino del Señor y trabaja de acuerdo con las decisiones del cuerpo general de los creyentes en consejo unánime». (41)

Lamentablemente siempre han existido personas que no han aceptado el orden establecido por Dios: «No todos, sin embargo, estaban satisfechos con la decisión (del concilio); había un bando de hermanos ambiciosos y confiados en sí mismos que estaban en desacuerdo con ella...Se tomaban la libertad de murmurar y hallar faltas...Desde el principio la iglesia ha tenido que afrontar tales obstáculos, y tendrá que hacerlo hasta el fin del siglo». (42)

Sólo existe un motivo que respalda la decisión de no aceptar el consenso de la iglesia: Cuando existe transgresión abierta de La Ley de Dios. (43)

La unidad, fruto del Espíritu. Cuando Pablo cita los frutos de la carne, hace más énfasis en lo que provoca la desunión entre hermanos que en lo demás: «Enemistades, pleitos, celos, explosiones de ira contiendas, divisiones, sectarismos, envidias...» (Gál. 5:20-21).

¿Cómo podemos evitar la lacra de la desunión? Haciendo caso a Cristo, nuestra Cabeza, obedeciendo sus mandatos, como el cuerpo obedece los mandatos neuronales. «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer» (Juan 15:4-5).

El que esté unido a Cristo estará unido a sus hermanos. Buscar, preservar y potenciar la unidad fraternal debe ser el anhelo y esfuerzo de todo creyente, ya que sin esa unidad no podremos recibir la lluvia tardía. «Notad que fue después que los discípulos habían logrado la perfecta unidad, y ya no luchaban entre sí por conquistar el lugar más elevado, cuando el Espíritu fue derramado sobre ellos. Eran de un solo sentir. Todas las diferencias habían sido puestas a un lado... Fue entonces cuando el Espíritu Santo fue derramado y millares se convirtieron en un solo día». (44)

(1) Cantares 6:8,9.

(2) Colosenses 2:8; Mateo 15:1-9.

(3) Exodo 19:5,6; 1 Juan 2:3,4. Apoc. 14:12.

(4) Hebreos 10:25; Hechos 2:47.

(5) El único motivo para entrar en una nueva organización sería la transgresión abierta a nivel corporativo, de la Ley de Dios, sin que se confiese y corrija el pecado.

(6) Los cristianos en el mundo representan más de mil millones de personas, dividiéndose en tres ramas principales: Los Católicos romanos, Ortodoxos y asimilados y Protestantes y anglicanos. La iglesia Católica (con más de 666 millones), a su vez, además de las de rito latino, que son mayoritarias, comprende iglesias de rito oriental o uniatas (unidas a Roma) como son las iglesias bizantinas, la armenia, la de rito siríaco, caldeo y alejandrino. La iglesia Ortodoxa (con unos 122 millones), comprende iglesias patriarcales y metropolitanas. Las confesiones protestantes, divididas en más de doscientas ramas (que contarían con más de 300 millones), serían los Luteranos, Metodistas, Baptistas y Mennonitas, Calvinistas, presbiterianos o reformados, Congregacionalistas, Ejército de Salvación, Pentecostalistas, Cuáqueros o Sociedad de los Amigos, Adventistas, etc. La iglesia Anglicana se lla-ma episcopaliana en los Estados Unidos. Se separó de Roma después de 1534 (Acta de Supremacía). Se considera a la vez reformada y católica. (Tomado de El Cristianismo hoy. Enciclopedia del Mundo Actual, Editorial Noguer. Barcelona. 1978)

(7) Mateo 16:15-18. La declaración que hace nuestro Señor Jesucristo ha sido mal interpretada. «Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia» , no significa que Pedro fuera superior a los demás discípulos y que en base a esa superioridad la iglesia fuese edificada sobre él. La iglesia se cimentó sobre Cristo. Notemos que en los versículos anteriores, Jesús preguntó a sus discípulos sobre lo que decían los hombres que El era. Después de recibir varias respuestas, les dirigió una pregunta muy personal a sus discípulos: «...y vosotros ¿quién decís que soy yo?» a lo que Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.» En virtud de esta declaración Jesús contestó: «Tú eres Pedro (en griego petros , una pequeña piedra o trozo de roca que se puede arrojar o mover con facilidad) y sobre esta roca (en griego petra , masa rocosa, es decir la gran verdad que expresó Pedro)

edificaré mi iglesia.» La verdadera roca de fundación es Cristo, el mismo Pedro lo declaró en sus enseñanzas para que nadie fuese llamado a engaño (1 Pedro 2:4-8).

Si leemos Apocalipsis 1:13, se justificará por qué decimos que Cristo es «sustentador» de la iglesia. Los siete candeleros, tal y como indica el versículo 20, representan a las siete iglesias, y por lo tanto la iglesia del Señor en todo el mundo, ya que el número 7, en la Biblia, cuando se usa simbólicamente, denota perfección y plenitud. Juan ve a Cristo caminar

en medio de los candeleros, significando este hecho que nuestro Señor, fundador de la iglesia, no es sólo su Redentor, sino que la guía, la proteje, la bendice y es Señor de la misma.

(8) Romanos 16:5; Hechos 9:31.

(9) Gálatas 1:13.

(10) Exodo 12:16.

(11) Gálatas 6:16.

(12) 1 Corintios 1:2.

(13) 1 Corintios 1:18.

(14) Juan 14:15.

(15) Mensajes Selectos 3, 15,16.

(16) Ibídem, págs. 16,17.

(17) Apocalipsis 14:6.

(18) 1 Corintios 12:27; Romanos 12:5.

(19) Efesios 1:22.

(20) Marcos 16:15,16.

(21) 1 Corintios 12:13.

(22) Romanos 12:3-8.

(23) Efesios 4:16.

(24) Hechos de los Apóstoles, pág. 223.

(25) Evangelismo, pág. 502.

(25) Patriarcas y Profetas, págs. 557,558.

(26) Mensajes Selectos 2, pág. 429.

(27) Ibídem, pág. 430.

(28) l Corintios 12:21.

(29) Tito 2:10,11.

(30) Testimonios para Ministros, pág. 490.

(31) Ibídem, pág. 26.

(32) Ibídem, pág. 28.

(33) Ibídem, págs. 228, 229.

(34) Hechos de los Apóstoles, págs. 78,79.

(35) Ibídem, págs. 150, 151.

(36) Ibídem, pág. 79.

(37) Ibídem, pág. 155.

(38) Ibídem, pág. 159.

(39) Testimonios, vol. 3, pág. 492.

(40) Hechos de los Apóstoles, págs. 163.

(41) Ibídem, pág. 162.

(42) Ibídem, pág. 160.

(43) Hechos 5:29. «El poder de David le había sido dado por Dios, pero para que lo ejercitara solamente en armonía con la ley divina. Cuando ordenó algo que era contrario a la Ley de Dios, el obedecerle se hizo pecado.»(Patriarcas y Profetas, pág. 778).

(44) Evangelismo, pág. 506.

 

 


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