La salud, como aspecto importante en la vida del ser humano, debe corresponder al dicho “mens sana in corpore sano» , esto significa que una mente sana y limpia es necesaria para disfrutar de un cuerpo en perfecta salud y armonía, algo tan necesario no sólo para la vida cotidiana sino también en nuestra vida espiritual.
Cuando la mente ha sido bombardeada por la excesiva publicidad a través de los medios (carteles publicitarios, prensa, televisión, radio, etc.), nuestra mente se ensucia y por tanto enferma, y por no haber alcanzado un grado de madurez óptimo los niños, adolescentes y jóvenes son las víctimas más frecuentes.
Los mensajes de modas y los “modelos corporales perfectos” se nos presentan cada día. Nos venden “imágenes ideales”para ser atractivos y tener éxito en esta
sociedad, los que están fuera de estos patrones son estigmatizados. Según estos modelos, ser excesivamente delgados es sinónimo de elegancia y de inteligencia, dignos de ser admirados e imitados. Así miles de jóvenes se convierten en imitadores de actores y actrices, modelos y cantantes de moda.
Unas de las enfermedades que sufrimos en este siglo y que están adquiriendo un carácter alarmante, hasta el punto de ser denominadas epidemias sociales son la anorexia nerviosa y la bulimia .
Estas enfermedades de tipo psicológico son un trastorno de la conducta alimenticia. El enfermo tiene una imagen distorsionada de su cuerpo, ve de una manera equivocada el propio cuerpo, esto hace que la persona se vea gorda aunque sea excesivamente delgada. El enfermo tiene miedo a engordar este miedo le obliga a no ingerir alimentos y a llevar a su cuerpo a un estado alarmante de inanición. Y en el caso de la bulimia los enfermos sienten el impuso de comer grandes cantidades de alimentos en una sola vez, luego tienen falsos cargos de conciencia y hacen todo lo posible por inducir el vómito después de esto se sienten asqueadas, deprimidas, y muy culpables hasta el punto que muchos enfermos intentan quitarse la vida, algunos desgraciadamente lo consiguen.
Los enfermos inician una batalla en contra de los alimentos haciendo grandes y constantes ayunos y reduciendo la ingestión de comida necesarios para el organismo. Esta enfermedad de la era moderna puede derivar en la muerte del enfermo y si se recuperan llegan a tener graves secuelas como: Enfermedades cardiovasculares, secuelas endocrinológicas, dermatológicas, digestivas, nerviosas, psiquiátricas, ginecológicas.
El modelo ideal que esta sociedad ha impuesto para alcanzar éxito, es inalcanzable para la mayoría de las personas y no es bueno para una mantener una buena salud. No nos damos cuenta cómo empieza, es muy sutil, la aceptación social es algo que la mayoría de las personas desean y son capaces de hacer muchas cosas para conseguirlo.
Existen distintas maneras de prevención, una alimentación sana es fundamental si desde niños se les enseña el valor de una dieta equilibrada y el ejercicio adecuado para las distintas edades. Infundir seguridad y valores cristianos al niño o adolescente, evitar sobrecargar al menor con metas pesadas en sus estudios, en los deportes, en alcanzar cierto grado de belleza, etc., así como realizar tareas que no vayan acordes a su edad. El adolescente debe dirigir su vida y encontrar valores con la orientación y supervisión de los padres. Un momento ideal para conocer a sus hijos sería aprovechar las comidas familiares para tener una verdadera comunicación.
La familia y la iglesia juega un papel importante en la recuperación del enfermo. Es importante una buena relación entre los miembros, de eso depende que los padres abandonen el sentimiento de culpabilidad y rechazo al enfermo. La familia tiene que aceptar al enfermo al igual que la iglesia lo hace, pues el amor y la aceptación hacen que el enfermo sienta deseos de cambiar y curarse.
El ser compasivos con los enfermos es un mandamiento de Dios, da igual que la enfermedad sea física o espiritual (Efesios 4:32).
El verdadero cristiano tiene su mente ocupada en buenas obras, el “yo” quedó atrás, ahora lo que importa es imitar a nuestro maestro Jesucristo. Es importante ejercitar nuestra mente igual que nuestro cuerpo, ponerla en forma con lecturas apropiadas y estar lo menos posible ociosos.
Querer alcanzar el mundo no hará prosperar nuestra vida cristiana, una mente ocupada en querer alcanzar la salvación pondrá en forma nuestro espíritu tan esencial para los que esperamos impacientes la venida de nuestro Señor Jesucristo.
