“Amado, yo deseo que tu seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Jn. 2).
En estos textos Juan expresa su gran afecto y sincero deseo de salud y prosperidad a Gayo.
- La influencia del cuerpo sobre la mente / espíritu.
- La influencia de la mente sobre el cuerpo.
- La influencia de la vida espiritual (la fe) sobre la mente y el cuerpo.
El cuerpo es el asiento del espíritu. Todo lo que favorece la salud física favorece también a la mente:
- El aire puro, fresco y abundante, electrifica el sistema nervioso.
- El ejercicio al aire libre, caminar, flexionar las piernas, etc., activa la circulación e impulsa la sangre y la linfa hacia la cabeza y los pulmones.
- El baño o ducha diaria elimina las toxinas, activa el riego, tonifica los nervios e infunde alegría.
- La regularidad y moderación en las comidas, no recargar el estómago ni otros órganos digestivos, son imprescindibles para tener una mente despejada.
- La alimentación equilibrada, sin carencias ni excesos.
- El sueño reparador, profundo, dentro de la franja horaria correcta recarga el sistema nervioso central.
- ¿Podemos realizar esfuerzo mental después de una gran comida? ¿Y si es con exceso? ¿Y si se tomó alcohol, y una gran variedad de platos?
- Hay comidas que son dañinas por sí mismas, luego por la mala digestión se producen tóxicos en el intestino, que afectan a todo el cuerpo y sobretodo a la mente. Nosotros mismos nos intoxicamos con mala comida, el estreñimiento, las putrefacciones, los gases y flatos, el estancamiento de toxinas en el cuerpo, deficiente eliminación, etc:
- La carne y otros productos animales producen ácido úrico, colesterol, cálculos renales y biliares, reuma, artritis, hipertensión arterial, enfermedades cardiocirculatorias, afiebra el cuerpo. Esto ocurre en países más carnívoros. Entre los pueblos vegetarianos o con escaso consumo de derivados animales, como Asia y África, esto no ocurre.
- El consumo de lácteos produce inflamación e hinchazón articular, encharcamiento de los tejidos o edemas. Estancamiento linfático, tejidos fofos y dolorosos, hinchazón, palidez, etc. Resulta muy sorprendente que a mayor consumo de lácteos, como en los países nórdicos y lecheros, hay mayor incidencia de artrosis y otras degeneraciones músculo-esqueléticas.
- El exceso de comida causa congestión cerebral, irritación y confusión mental. «Comer en exceso es más perjudicial para el cuerpo y cerebro que el trabajo en exceso» (CSRA, 121).
«El corazón alegre construye buen remedio, mas el espíritu triste seca los huesos» (Prov. 17:22).
La influencia y dominio de la mente sobre el cuerpo es un hecho indiscutible, tanto para el bien como para el mal. ”...Capítulo muy importante al que cada día se concede mayor importancia, es el que estudia las relaciones y mutuas influencias entre el alma y el cuerpo, especialmente de aquella sobre este, lo que constituye una rama denominada psicofisiología.
«Esta influencia es mayor de lo que en principio se creía, y continuamente influye sobre el tono de nuestra musculatura. De la psiquis depende la mímica de la cara y de los movimientos, y nuestra compostura. Influye sobre el ritmo del corazón, que puede detenerse, por influjo del terror, sobre los vasos sanguíneos y que a veces hacen afluir la sangre en el abdomen (diarrea por miedo).
«En personas cuyo sistema nervioso es muy sensible (histéricos) y en la hipnosis se llega a las posiciones del cuerpo más extrañas y a veces contra la naturaleza, lo que significa un esfuerzo ingente para la musculatura. En tales individuos se pueden producir asimismo eritemas, vejigas y hasta pequeñas hemorragias en la piel: los estigmas.
«La psiquis influye también sobre la musculatura lisa, no voluntaria, p.e., del intestino; no es sólo la dispepsia, que influye sobre el temperamento también, sino las causas psíquicas sobre la digestión. Según las más recientes investigaciones, en muchos casos, también la úlcera péptica tiene origen psíquico.
«Existen enfermedades cuyo desarrollo está en estrecha relación con la psiquis, aparte de la base anatómica. En la diabetes se comprueba el aumento de la glucosa en la sangre y en la orina cada vez que aumentan la preocupaciones del enfermo, y la disminución en el caso opuesto. Lo mismo ocurre en los ataques de angina de pecho.
«Se conoce hoy la influencia de estado del alma sobre la bilis mediante experimentos ingeniosos, en los que se emplean la sonda duodenal y la hipnosis: se comprueba la producción de muchas cosas agradables, y su detención en caso contrario.
«La secreción de otras glándulas esta sujeta también a la psiquis, como las sexuales, salivales, las sudoríparas, etc. En esto el reflejo psíquico desempeña un papel importante. Las operaciones cerebrales producen ondas que es posible captar mediante un aparato llamado electroencefalógrafo» (Diccionario Enciclopédico Espasa, págs. 8519-8520, ver Psicología).
Por lo tanto, la mente puede ser, y es en verdad, medicina y remedio, y también veneno mortífero para la salud y la vida.
«Por doquiera prevalece la enfermedad mental. Los nueve décimos de las enfermedades que sufren los hombres tienen su origen en esto. Puede ser que alguna aguda dificultad del hogar esté royendo como un cáncer el alma y debilitando las fuerzas vitales. A veces el remordimiento por el pecado (culpa) mina la constitución y desequilibra la mente» (JT2, 143).
«Pero no fue el lanzazo, no fue el padecimiento de la cruz, lo que causó la muerte de Jesús. Ese clamor, pronunciado “con grande voz” en el momento de la muerte, el raudal de sangre y agua que fluyó de su costado declaran que murió por quebrantamiento del corazón. Su corazón fue quebrantado por la angustia mental. Fue muerto por el pecado del mundo» (DTG, 717). En el Getsemaní por su agonía sudó como gotas de sangre.
«Lo que comunica a casi todos enfermedades del cuerpo y de la mente son los sentimientos de descontento y los anhelos insatisfechos...
«La simpatía que existe entre el espíritu y el cuerpo es muy grande. Cuando uno está afectado el otro responde. La condición de la mente tiene mucho que ver con la salud del organismo. Si el espíritu está libre y feliz, con la conciencia de que hace lo recto y con la satisfacción de proporcionar felicidad a los demás, nacerá una alegría que reaccionará sobre todo el organismo, induciendo a la sangre a circular más libremente y a tonificar todo el cuerpo» (JT1, 178-179).
«El estado de la mente tiene que ver mayormente con la salud del cuerpo, y en forma especial con la salud de los órganos digestivos» (CSRA, 448). Conocido es el experimento con un criminal condenado a morir desangrado. Le vendaron los ojos y simularon el desangramiento. Imitaron el corte de sus venas en la muñeca con el lomo del cuchillo, le derramaron un hilo de agua tibia sobre la muñeca, que luego producía su peculiar ruido en un recipiente. Le describían como se estaba desangrando y así murió. No hubo corte ni sangre. Solo su mente actuó sobre su cuerpo, convencida de desangrarse.
«Los médicos necesitan gran sabiduría a fin de curar el cuerpo a través de la mente. Pero pocos se dan cuenta del poder de la mente sobre el cuerpo. Gran cantidad de las enfermedades que afligen a la humanidad tienen su origen en la mente y solamente podrán ser curadas restaurando la salud de la mente. Hay muchos más enfermos mentales de lo que imaginamos. La depresión (desánimo) produce muchos dispépticos, porque las aflicciones mentales (ansiedades, preocupaciones, etc...) tienen una influencia paralizante sobre los órganos digestivos» (3T, 184).
«Las personas que tienen acidez estomacal tienen a menudo un temperamento agrio. Parece que todas las cosas están en contra de ellos y están inclinadas a ser malhumoradas e irritables» (CSRA, 133).
Los seres humanos vivimos dos vidas: una es la física; la otra es la vida mental. Con nuestro intelecto somos capaces de pensar, analizar, razonar, imaginar, proyectar, investigar, memorizar, coordinar, tomar decisiones, contemplar, meditar, etc. Con otra rama de nuestra mente, la emocional, afectiva, pasional, cultivamos y exteriorizamos los rasgos morales de nuestra personalidad. El amor, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, el respeto y la consideración, la mansedumbre, la amabilidad, la templanza, la fe, el valor y la esperanza: o el egoísmo, el orgullo, la indiferencia, el desprecio, el odio, la enemistad, la ira, la envidia y los celos, el rencor, las pasiones, la sed de poder, la intranquilidad, el miedo, la angustia y desesperación, la depresión y el desánimo, etc. Cada uno de estos rasgos deja su huella en nosotros, de acuerdo a su naturaleza. En realidad somos lo que pensamos y hacemos.
¡Cuán solemnes resultan, por tanto, las palabras del Señor! “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4. Ver 11:28-30; Pr. 4:20-22; 16:24).
«...el poder eléctrico del cerebro aumentado por la actividad mental, vitaliza todo el organismo, y de ese modo es una ayuda para resistir la enfermedad... El efecto depresivo y hasta ruinoso de la ira (glucosa, tensión), el descontento, el egoísmo, y por otra parte, el maravilloso poder que se encuentra en la alegría, la abnegación y la gratitud» (Ed, 193).
«...haceos tesoros en el cielo... Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt.6:20-21). Necesitamos algo que atraiga poderosamente nuestros pensamientos, que nos inspire, pero que también nos ilumine y fortalezca. Una ley de la mente (el carácter) hace que ella se amolda a aquello que contempla. Los pensamientos y sentimientos juntos forman el carácter moral» (JT3, 165)
«Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento...» (No divagar) (1 P. 1: 13). Así como hay señales que nos prohíben pasar o circular en ciertas zonas, del mismo modo no podemos dejar que nuestra mente transite y vuele sin restricción alguna. Hay temas prohibidos: ¡NO PASAR! Hay sustancias tóxicas para el cuerpo, y también hay ideas tóxicas para la mente, sentimientos e ideas peligrosas, pasiones, dudas, prejuicios, doctrinas esclavizadoras. «El pecado es la enfermedad de la mente» (JT2, 144).
Muy pronto el medico descubre que «el pecado y la enfermedad llevan entre sí una relación de causa y efecto» (MC 179).
La falta de nutrientes produce enfermedades físicas y también mentales. Según el Dr. Matthias Rath las enfermedades cardiocirculatorias y otras son carenciales, debidas a la falta de vit. C, colágeno, prolina y lisina. Sustancias naturales, fáciles de conseguir. Hay más información valiosa en la web:
www.dr-rath-health-foundation.org.
Casi no pasa un solo día sin que estemos ayudando a personas deprimidas, ansiosas, estresadas, obsesionadas, cuyo sistema nervioso esté debilitado e intoxicado, gracias a algunos minerales y vitaminas, y sobretodo desintoxicando su cuerpo. A los pocos días esas personas sonríen y están más animadas.
Todo esto no tiene nada de nuevo. Los grandes médicos de la antigüedad y hasta principio del siglo XIX, curaban los casos de epilepsia y locura con purgaciones y vómitos. Según el grado de intoxicación resultan: depresión, ideas suicidas, abatimiento, pérdida de memoria, Alzeimer... Como conclusión diremos que cuando surge una enfermedad, no cargar adicionalmente el cuerpo con drogas, sino dar descanso al órgano / cuerpo... (ver MC, 180). Tener un tesoro del alma, porque ese atrae e inspira nuestros pensamientos. Así son los enamorados y los creyentes. Así la mente tiene un objetivo y no divaga. ¡Cuidado! ¡No podemos borrar de nuestra mente los prejuicios e ideas! Podemos descalificar y desechar una idea si vemos su incongruencia, pero no olvidarla.
Para estudio adicional: Mt. 9:2. Elena G. White soñó ir en un jardín con rosas y flores. Otra persona se lamentó por las espinas y zarzas. El guía les dijo: «No hagan caso de las espinas, porque solamente les molestarán. Junten las rosas los lirios y los claveles...» (CC, último capítulo). Estudien las epístolas de S. Juan y encontrarán muchos rasgos de salud espiritual. Fil. 4:8; 2 P. 1:5; Is. 55:1-3: Is. 57: 15; 3 Jn. 1: 1-11; 1 Cor 2: 4-5;1 Tes 1:5.
